Seguramente habéis leído que esta semana Google ha presentado Willow, su nuevo chip cuántico. Y probablemente la noticia os ha generado cierta perplejidad. ¡Vais por buen camino! Según Niels Bohr, si la física cuántica no te deja perplejo es que no has entendido nada, ya que sigue un camino a menudo contrario a toda lógica humana. ¿Pero por qué es tan importante este avance? Intentaré explicarlo de forma comprensible (desde mis limitaciones).
Seguro que habéis oído hablar del famoso experimento mental del gato de Schrödinger: un gato encerrado en una caja que, según la física cuántica, está vivo y muerto a la vez hasta que abrimos la caja para observarlo. Pues la computación cuántica funciona a partir de este principio. Los ordenadores normales se basan en el código binario (0 y 1), donde todos los «interruptores» que intervienen en los procesos solo pueden tener 2 estados posibles: encendidos o apagados. En cambio, los ordenadores cuánticos utilizan qubits, que pueden estar en múltiples estados a la vez, igual que el gato de Schrödinger. Es como si nuestro interruptor pudiera estar encendido y apagado a la vez, abriendo un número de posibilidades enorme en comparación con sus hermanos no cuánticos.
Por eso Willow, o los que vengan, pueden hacer millones de operaciones en pocos minutos, ya que pueden estar computando un número de posibilidades gigante, acelerando el proceso. Además, al poder tener más de dos estados posibles, también son ideales para tareas de encriptación, de modelos complejos, y otras posibilidades.
En todo caso, estos ordenadores ahora mismo son enormes en comparación con nuestros portátiles; son carísimos; necesitan una cantidad de energía inmensa (ya que tienen que trabajar a temperaturas cercanas al cero absoluto (-273º), y, por tanto, estamos muy lejos de tener uno en casa o en la oficina.
Ahora viene la parte realmente fascinante. ¿Qué pasa si combinamos esta potencia de cálculo con la inteligencia artificial? Pues que las posibilidades son simplemente inimaginables. Pero quizás lo más interesante es cómo podría cambiar la misma IA.
Los modelos de IA actuales ya son impresionantes, pero con la computación cuántica podrían ser capaces de procesar problemas mucho más complejos y hacerlo de una manera más similar a como lo hace el cerebro humano, abriendo las puertas a posibilidades de razonamiento, y quién sabe si hasta de simulación de sentimientos, que ahora solo son posibles en la ciencia ficción.
Willow es un paso más en este camino. No es todavía el ordenador cuántico definitivo, pero nos acerca un poco más a un futuro donde los problemas que hoy parecen imposibles sean solo un cálculo más.
PD: Por cierto, Erwin Shcrödinger nunca tuvo gato. Lo más parecido sea, quizás, el gato negro que tenemos en casa des de 2020 y al que mis hijas decidieron bautizar como Shcrödinger
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